En los orígenes de la humanidad las formas de comunicación eran escasas y muy rudimentarias. Posteriormente apareció el correo postal que rompía la barrera de la distancia. En el siglo pasado, y unido a la aparición de la sociedad de masas, surgieron medios como la radio y televisión capaces de transmitir mensajes unidireccionales a grandes públicos. En la actualidad las herramientas y dispositivos móviles son capaces de producir en un par de días la misma cantidad de datos que se generaron desde la aparición de la escritura. Correos electrónicos, sms, redes sociales, posibilitan el contacto permanente y en tiempo real para contar todo los que pasa. Si antes había una escasez de medios para obtener información, hoy se han activado cientos de canales por donde circula miles de millones de mensajes a una velocidad endiablada.
¿Pero este dato es positivo?¿Significa la sobreabundancia de información estar más informado?. Pues no siempre. Este exceso de datos recibidos se ha bautizado como infoxicación, concepto que se aplica cuando la información recibida es mayor que la que somos capaces de procesar. En este caso los efectos de la sobreinformación son negativos. Según datos del sector, en España circulan 563 millones de correos electrónicos al día. Cada español recibe una media de 23 emails que debe de gestionar diariamente, a los que hay que sumar los mensajes de smartphones, twiter, facebook, y resto de redes sociales que obligan a estar conectados más horas a los aparatos electrónicos.
Hace poco el diario El País se hacía eco de un estudio elaborado por la agencia Reuters donde el psicólogo David Lewis hace referencia a este fenómeno que bautiza como Síndrome de Fatiga informativa. Este síndrome afecta a personas que tienen que lidiar con cantidades ingentes de información procedente de libros, periódicos, faxes, correos, etcétera, que provoca la parálisis de la capacidad analítica, ansiedad y dudas; factores que conducen a tomar malas decisiones y conclusiones erróneas.
El Allways on (siempre encendido) provoca no tratar la información en profundidad. La simultaneidad de los mensajes distrae la atención y merma la capacidad de concentrarse en un solo asunto. Internet incita a buscar lo breve y rápida huyendo de formas de pensamiento que requieren de la reflexión y contemplación. Por eso hay que seleccionar muy bien las fuentes de información, elegir la que es relevante y no tratar de estar al día de todo lo que ocurre en el mundo.
¿Cómo gestionar esa cantidad de información?. Parece que lo más recomendable es desconectar un rato del ordenador, apagar la televisión, y silenciar el teléfono móvil. Para eso hay que organizar bien la agenda, establecer prioridades y no pretender estar on line las 24 horas de día. En caso contrario, no tardará en padecer alguna patología relacionada con el Síndrome de Fatiga Informativa.










