2004. Dos días después del doloroso atentado de Atocha del 11-M, un sencillo SMS con un mensaje muy potente: Hoy 13-M, a las 18 horas, delante de la sede del PP. Sin partidos, por la verdad ¡Pásalo!, fue capaz de movilizar a varios miles de ciudadanos e improvisar una manifestación en vísperas de unas elecciones generales. Al parecer este hecho fue determinante para el posterior resultado electoral.
2006. Inicia su andadura Wikileaks, una organización mediática internacional que publica papeles ocultos y filtra documentos comprometedores de los gobiernos occidentales. Personalismos al margen, estamos ante una nueva forma de periodismo reñida con la dominación y el cinismo.
2011. Ciudadanos de varios países del Norte de África y Oriente Medio transmiten mensajes “incendiarios” a través de redes sociales (twitter o facebook) y convocan actos de protesta contra regímenes totalitarios. El resultado son las revueltas que provocaron la caída de los presidentes de Túnez y Egipto. En estos momentos, millones de ciudadanos de la región luchan por derribar sistemas políticos opresores.
Subyace en estos episodios que la tecnología ha puesto en manos de los ciudadanos una serie de herramientas que se escapan del control de los poderes públicos y tienen una viralidad que las hace imparables.
¿Se puede decir que twitter o facebook son armas “revolucionarias”?. No sería correcto afirmarlo pero la red permite a los ciudadanos compartir inquietudes y organizarse, no siempre en la dirección que pretenden los poderes públicos. En un mundo cada vez más interconectado en el que los focos de atención han pasado de estar férreamente controlados a escapar a todo control, determinadas cosas pueden ocurrir con más facilidad. Antes, la coordinación necesaria para provocar una reacción social generalizada solo podía obtenerse con eventos especialmente dramáticos o con situaciones límite provocadas por una multiplicidad de factores. La coordinación no era sencilla, y de hecho, las revoluciones tendían a caracterizarse por ser sumamente descoordinadas. Pero las cosas han cambiado.
En una democracia moderna, la tecnología ya no es una herramienta en manos del poder para controlar al pueblo, sino precisamente lo contrario: una herramienta en manos de los ciudadanos para controlar a quienes ejercen el poder. No, los medios sociales no provocan revoluciones por sí mismos, pero pueden convertirse en un desencadenante de las mismas.








Los datos ntimos no son objeto de la ley 2-1 LOPD Esto permite el derecho a una esfera personal que impide La interferencia del Estado y de los ciudadanos El conocimiento ajeno Soluci n o Se proponen diferentes soluciones entre ellas Ampliar el derecho a la intimidad.