Coolhunting: me interesa, no me gusta

El pasado fin de semana tuve la oportunidad de asistir en EXPOCoruña al curso Coolhunting, en el que destacados profesionales compartieron con los asistentes las claves de esta disciplina, que tiene su razón de ser en la necesidad de las grandes marcas de analizar las tendencias de la sociedad postmoderna.

Los coolhunters son cazadores de información, a la vez que cuentan con la capacidad de analizarla, sintetizarla y extraer de entre todos los impactos informativos cuáles son indicadores de tendencias, realidades cool que pasarán a convertirse en moda. Su trabajo acaba cristalizando, en la mayoría de las ocasiones, en informes –ya sean sectoriales o ad hoc- o presentaciones face-to-face para grandes empresas del mundo del consumo, que pueden así adelantarse a las situaciones de mercado y modificar no sólo sus productos, sino también la forma de publicitarlos, de modo que se alineen con las demandas de los consumidores.

Lo cool está diseminado y dinamizado. Lo encontramos en las grandes ciudades, en los barrios chic, en las culturas transgresoras, en los proyectos arquitectónicos, en las tribus urbanas, en los medios sociales 2.0, en la fusión de elementos o en la recuperación de lo que un día nos hizo felices (nostalgia). Daniel Córdoba-Mendiola, director del curso, entiende que para que algo sea cool debe “ser original o proyectar una ilusión de originalidad, tener una cierta cobertura y ser lo suficientemente accesible o relevante para que alguien se quiera apropiar de ello”. Mucho más fácil: que guste y por tanto se copie, con lo que pasa a ser moda.

Me gustó

  • La profesionalidad de los ponentes –Daniel Córdoba-Mendiola, Cristina de Balanzó, Marc Cortés, Marta Marín y Aleix Perdigó-. Todos ellos buenos oradores –algunos brillantes-, instruidos y cercanos.
  • Comprobar en primera persona que un tío al que respeto mucho como Marc Cortés comparte mi opinión sobre la comunicación online y los medios sociales 2.0: lo importante siguen siendo las buenas ideas, lo que ocurre es que ahora cuentas con un nuevo canal, fundamental, para comunicarlas.
  • El apasionante viaje por las tendencias de 14 de las principales ciudades del mundo que nos regaló Marta Marín.
  • El mensaje de la cultura del coolhunting: escuchamos a las personas y creamos los productos que quieren tener.

No me gustó

  • Que no me lo creo (el mensaje). Uno no puede evitar sentir que las marcas distorsionan la creación de tendencias. Ellos nos dicen qué es cool y nosotros lo compramos.
  • La excesiva orientación del curso hacia la labor de los creativos publicitarios, cuando la investigación, el análisis y la síntesis (en los que se basa el trabajo de un coolhunter) son lugares comunes para todas las disciplinas de la comunicación.
  • Descubrir que los estudios neurocientíficos, cuando se aplican a la publicidad, tienen como fin influir en nuestros estímulos de manera inconsciente, de forma que nos sintamos atraídos por un determinado producto sin saber siquiera por qué.

Disfruté del curso porque mantuvo mi mente alerta en todo momento y provocó que me alinease y desalinease constantemente con las opiniones de los ponentes. Ahora sí, salí dando gracias a Dios por no haberme hecho coolhunter.

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